
Aunque mantenga este blog (algo que tal vez reste coherencia a lo que voy a decir) creo que poco a poco me estoy convirtiendo en un tecnófobo recalcitrante. Nunca he tenido nada contra la tecnología, pero desde que hace un par de años empezó a extenderse más allá de los límites del hogar y el trabajo, desde que aparecieron los móviles 3G y las tabletas para rellenar esos pequeños espacios de nuestra vida en los que no necesitábamos internet (un trayecto en metro o autobús, una comida con la familia, una visita a un museo...), la tecnología ha empezado a parecerme sumamente peligrosa. Las mismas personas que antes leían un libro en el transporte público, aunque fuera "El código Da Vinci", ahora van jugando a alguna estúpida aplicación del iPhone. Las que intentaban informarse de lo que pasaba en el mundo, aunque fuera a través de uno de esos simplones periódicos gratuitos, se entretienen ahora actualizando su perfil de Facebook. Los gadgets nos están infantilizando y nos empobrecen intelectualmente, pero además (y creo que esto es aún peor) nos alejan de la realidad más inmediata. Del aquí y ahora. A través del correo electrónico, el Twitter o el WhatsApp tratamos de estar en varios sitios a la vez y al final, como dijo Séneca, eso es como no estar en ninguno.
Él último libro de Nicholas Carr ("Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?") explora en los efectos secundarios de nuestra adicción a la red y a la multitarea y describe con rigor científico un panorama aún peor del que uno podía sospechar. Ya no sólo es que Internet esté cambiando nuestros hábitos y modos de vida. Es que está alterando nuestro cerebro. Está acostumbrándolo a los impactos rápidos y poco profundos, a una especie de cultura del picoteo, y lo está atrofiando, hasta el punto de poner en riesgo su correcto desempeño en tareas más profundas.
Sé que muchos tildan a Carr de apocalíptico y aguafiestas, pero a mí, sinceramente, todo lo que dice me parecen verdades como puños. Nuestro cerebro es un músculo, y en lugar de llevarlo al gimnasio, estamos atiborrándolo de comida basura y dejando que se ponga fofo.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada