jueves 10 de marzo de 2011

Corre Haruki, corre


Siempre que leo algún texto en el que se habla de la gran afición de Haruki Murakami por el footing me entran unas ganas irrefrenables de correr. Me sucedió hace un par de años tras leer un artículo sobre el escritor nipón en el suplemento dominical de El País. Me calcé unas zapatillas y empecé a correr por las empinadas cuestas de una desconocida urbanización de las afueras de Marbella (el lugar en el que pasaba mis vacaciones de Semana Santa). Como estaba en baja forma y muy desacostumbrado a este tipo de esfuerzos, volví tiritando y acabé pasando el resto de mis días de asueto en la cama, con fiebre. Ese día juré no volver a correr.

Hasta esta semana, he mantenido escrupulosamente mi juramento (tampoco tiene mucho mérito). Sin embargo, el lunes empecé a leer "De qué hablo cuando hablo de correr", el maravilloso libro en el que Murakami habla de su íntima relación con el footing, y ayer mismo empecé a trotar por mi barrio, ansioso por seguir el ejemplo del autor japonés.

Me encanta la figura del escritor atleta. El paralelismo que Murakami, acostumbrado a participar en maratones, establece entre la escritura de una novela y las carreras de fondo. El mismo derroche físico. La misma soledad. La misma disciplina. Este bello elogio del esfuerzo que es "De qué hablo cuando hablo de correr" me ha hecho recuperar mi pasión por Murakami, de quien me había distanciado bastante tras leer "After dark" o "Sauce ciego, mujer dormida". Ahora, no sólo quiero empezar a leer "1Q74". Ahora, otra vez, quiero ser como el autor de "Tokio blues". Colgarme los auriculares, empezar a avanzar al ritmo de la música y, en la reconfortante soledad de la carrera, soñar con ese día en el que, también a mí, la disciplina y el trabajo me permitan ser libre.