
Me aburren las onomásticas y las conmemoraciones. Esa necesidad obsesiva de la prensa de nutrirse de lo acaecido hace lustros, de convertir el pasado en paradójica actualidad. Aún así, estos días atrás no he podido permanecer ajeno a todo el runrún informativo en torno al 30 aniversario del 23-F. No porque sea un episodio que despierte en mí un interés especial, sino porque, casualmente, hace muy poco que terminé de leer "Anatomía de un instante", el aplaudido libro de un Javier Cercas al que últimamente, como a Tejero, no paro de encontrarme en cada periódico, revista o página web que consulto (en el blog de "Babelia", en un programa de La 2 sobre Juan Marsé, en otro programa de La 2 conversando con Jaume Sisa, en varios artículos relacionados con su trifulca con Arcadi Espadas...).
Nunca he sido aficionado a la no ficción ("Si la vida real te viene grande, este es tu escondite"), pero el autor de "Soldados de Salamina", acostumbrado a mezclar realidad y fábula, me parecía el guía perfecto para aventurarme por estas sendas poco transitadas. Sin embargo, aunque objetivamente no se pueda poner ningún "pero" al impecable y minucioso trabajo de Cercas, me temo que no he disfrutado demasiado del periplo. Es cierto que el ejercicio de condensación de datos es soberbio, y que el intento de encontrar cierto aliento poético en el episodio (sobre todo en el comportamiento de Suárez, Carrillo o Gutiérrez Mellado) es un guiño que agradecemos los lectores más sentimentales. Sin embargo, como era de esperar en un volumen que, por encima de todo, es una relación de datos, durante la práctica totalidad de sus páginas no logró conmoverme. No me proporcionó las emociones que habitualmente busco en las novelas y en las películas.
En cualquier caso, he de advertir que "Anatomía de un instante" guarda una recompensa para aquellos a los que no les basta la descripción histórica. Y es que, cuando está a punto de terminar (atención: ¡spoiler!), Cercas desvela el verdadero motivo que le ha llevado a desenmarañar la intrincada madeja del 23-F y ahondar en la figura de Suárez: el recuerdo de su padre fallecido. Y entonces sí. Entonces sí que se me hizo un nudo en la garganta y creí encontrar por fin esas sensaciones que busco en la literatura, y el recuerdo de ese padre se me mezcló con el recuerdo de otros padres que se fueron, y por encima de todo con el de uno que se moría mientras consumía las últimas páginas de este libro. Como Cercas, pienso que en todas las cosas que haga a partir de ahora estará su influencia. También pienso que tardaré bastante en volver a leer algo en el que el amor, la vida o la muerte no sean parte esencial de la trama.
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