viernes 11 de diciembre de 2009

"The prisoner" y Telefónica: ¿parecidos razonables?


Visito la ciudad de Telefónica en el norte de Madrid y descubro con asombro que me siento como si me hubiera teletransportado a "The Village", el inquietante pueblo en que transcurre "The prisoner", la miniserie de AMC (remake de la mítica producción británica) que acabo de terminar de ver.

Como Número Seis, camino por un lugar artificial que parece haber nacido para hacer ignorantemente felices a sus habitantes. Para adormecerles y que no sientan nunca la necesidad de salir de su interior. Pantallas gigantes de plasma me rodean. Muestran a decenas de telefonienses (desconozco el gentilicio correcto) declarando lo felices que son y recitando como un mantra lo comprometidos que están con sus clientes. Observo además que, como "The Village", esta ciudad tiene de todo. Guardería. Gimnasio. Cafetería. Estación propia de Metro. Zapatería. Duplicado de llaves. Revisión del automóvil. Y como en "The Village", un oasis en medio de un inmenso desierto, compruebo que no hay escapatoria, porque todo lo que hay alrededor no merece la pena: urbanizaciones, PAUS, carreteras...

Nadie, y menos hoy en día, está a salvo de ser transportado a un lugar tan espantoso. A estos sucedáneos del mundo real. A estas fortalezas de las grandes corporaciones. Sin embargo, rezo todos los días para no despertar y, de pronto, verme convertido en un dígito que deambula por la calle Movistar.

miércoles 9 de diciembre de 2009

(500) Days of Pagafantas


Ni metrosexual, ni übersexual, ni nada por el estilo. En la nueva década que comienza el mes que viene puede que el hombre que se vaya a llevar sea el pagafantas. Un hombre tierno, cariñoso, romántico, inteligente... pero al que las tías buenas sólo quieren como amigo. Un hombre como Gorka Otxoa o como Joseph Gordon-Levitt, protagonistas respectivos e intercambiables de la homónima "Pagafantas" y de "(500) Días juntos", dos óperas primas rabiosamente misóginas con las que sus directores (sospecho) se han desquitado a gusto de sus problemas con el otro sexo. Y es que uno se imagina a Borja Cobeaga y Marc Webb reuniendo el dinero para su proyecto, arremangándose la camisa y diciendo: ahora, os vais a enterar.

Aunque ambas me parecen tan correctas y simpáticas como perecederas, si tengo que elegir alguna me quedo sin duda con la ópera prima de Cobeaga. Menos arty, menos indie, menos cool, menos fashion, pero mucho más entrañable y cercana. Aunque tiene un gran fallo. En Bilbao no hay Fanta. Sólo Kas.