miércoles 12 de agosto de 2009

"El factor humano" y "John Adams": el sacrificio de ser un héroe


Nunca podría ser un buen estadista. Porque soy un completo inepto, evidentemente, pero también porque carezco de la ingente capacidad de sacrificio que caracteriza a los políticos relevantes. Como Nelson Mandela y John Adams, por ejemplo, protagonistas respectivamente de "El factor humano" y "John Adams", libro y serie que acabo de terminar recientemente y que comparten una temática similar, ya que ambos describen el nacimiento de dos importantes países: Sudáfrica (renacimiento, en este caso) y los Estados Unidos.

No es preciso extenderse demasiado en la biografía de Nelson Mandela. De todos es sabido que su lucha contra el apartheid le llevó a pasar encarcelado 27 años. Además, su dedicación absoluta a la política terminó afectando a su vida privada y haciéndole fracasar en su matrimonio. John Carlin, brillante cronista inglés afincado en España, del que recomiendo su columna futbolística semanal en El País, ensalza su figura en "El factor humano" y nos describe todos sus esfuerzos para lograr la paz entre blancos y negros. Una larga lista de inteligente maniobras que fructificaron coincidiendo con la victoria de la selección sudafricana en el Mundial de Rugby de 1995, un acontecimiento que sirvió como catalizador de todos esos movimientos conciliadores y aceleró el crecimiento de la semilla de concordia plantada por Mandela.

En cuanto a "John Adams", mini serie de HBO basada en la vida del segundo presidente de los Estados Unidos, también tiene una parte eminentemente política. Sin embargo, no descuida, ni mucho menos, los aspectos más personales y dedica gran parte de su metraje a hablarnos de John Adams hombre por encima del John Adams político. Como en el caso de Mandela, lo que nos muestra, es una vida de sacrificio en la que mujeres, hijos y familia en general salen casi siempre mal parados. Una existencia entregada a una noble causa. Un precio, en opinión de un cobarde ciudadano de a pie, demasiado alto para pasar a la historia.

lunes 10 de agosto de 2009

"The international" y la banca


Es imposible que no resulte al menos simpática una película en la que el gran villano es un banco. Propongo de hecho más títulos que denuncien los desmanes de estas terroríficas corporaciones que dominan nuestras vidas. No estaría mal por ejemplo un documental en el que Michael Moore le sacara los colores a Botín, o una secuela de "Un día de furia" en la que Michael Douglas se liara a balazos en una sucursal para que le devuelvan las comisiones.

En "The international" Clive Owen interpreta al defensor del cliente que todos querríamos tener, un idealista justiciero que lucha por desenmascar a una entidad financiera enredada en el negocio del tráfico de armas. Lamentablemente, fuera de la afinidad que uno siente por este moderno Harry el Sucio, al que uno desearía ver protegiéndonos pistola en mano contra las barrabasadas de Caja Madrid, Banesto o el BBV, este thriller no logra engancharme ni transmitirme nada mínimamente estimulante. Si acaso, el tiroteo en el Guggenheim de Nueva York. Lástima de Tom Tykwer, que me sedujo con "Corre Lola corre" y "La princesa y el guerrero" y últimamente me tiene un tanto despistado.

lunes 3 de agosto de 2009

"Up": hora y media en el cielo


Hace unas semanas, en un interesante curso de técnicas creativas, me explicaban que todos estamos constreñidos dentro de un área invisible llamada "zona de confort". Una especie de corsé que limita nuestra inventiva y nos impide proponer ideas demasiado arriesgadas. Que nos hace tender al conservadurismo por miedo a romper las convenciones preestablecidas y parecer excesivamente alocados y revolucionarios.

Ni siquiera Pixar, con toda su genialidad, está libre de esta mancha. Comenzaron su andadura con la maravillosa "Toy Story" y a partir de aquí,con distintas variaciones, siguieron exprimiendo la misma fórmula infalible: dotar de vida a determinado colectivos no humanos susceptibles de dar un gran juego argumental. Así, a los juguetes les siguieron los insectos ("Bichos"), los peces ("Buscando a Nemo"), los monstruos ("Monstruos S.A."), los coches ("Cars)... Un ejemplo preclaro de creatividad desarrollada en la "zona de confort", es decir, dentro de unos parámetro estándar que aparentemente garantizan el éxito.


"Up", sin embargo es otra cosa. Como ya lo eran, aunque en menor medida, otras obras maestras como "Los increibles", "Ratatouille" o "Wall-E". "Up" es una locura que rompe con todo y que refresca por su genuina originalidad y su desbordante imaginación. Una película capaz de renovar el género y elevarse sobre las demás como esa casa flotante con la que surca los cielos el ya inmortal Carl Fredricksen. Y es que hay que ser muy valiente para presentar un guión protagonizado por un anciano que lleva su casa a cuestas acompañado de un boy scout, un ave en peligro de extinción y un perro parlante. Hay que estar totalmente desinhibido y falto de prejuicios para dedicar años de trabajo a una historia tan deliciosamente imposible que, por momentos, parece tener toques de Miyazaki.

Aún así, lo que vuelve a engrandecer aún más el último Pixar es, como siempre, su capacidad de poner toda su pirotecnia tecnología y su inmenso talento en los guiones al servicio de los sentimientos humanos. "Up" es, por encima de todo, una bellísima historia de amor que nos recuerda la importancia de cada día y nos desvela que lo fundamental de los sueños no es cumplirlos, sino soñarlos.

Una gloriosa, enternecedora y trascendente película para adultos inteligentemente disfrazada, ya desde el trailer, de cuento infantil.