viernes 31 de julio de 2009

Richard Rogers: la mente del arquitecto


En estos tiempos de vendedores de humo en los que nadie sabemos hacer nada, plagado de ejecutivos de marketing, jefes de producto, consultores, banqueros y demás charlatanes, resulta reconfortante visitar exposiciones como la de Richard Rogers en el CaixaForum de Madrid y disfrutar con el legado de alguien que ha dedicado su vida a producir bienes materiales. A construir algo tangible.
La sala, diáfana y enorme, que el museo dedica a la extensa obra del arquitecto es una suerte de réplica del cerebro del creador. Un gran caos ordenado. Un espacio blanco y luminoso repleto de memorias de lo ya construido (Centro George Pompidou, Terminal 4 de Barajas...), de maquetas de los proyectos en marcha y de ideas futuras aún sin concretar. Una muestra densa y nutritiva para disfrutar de la inventiva de este constructor de edificios-máquina y reencontrarse con la capacidad productiva del ser humano. Un lugar para recapacitar sobre lo infinito de nuestro potencial cuando decidimos ponerlo al servicio de algo útil.

martes 28 de julio de 2009

"La soledad de los números primos": best-seller con alma


Es imposible no envidiar a Paolo Giordano, que nos mira triunfante desde la solapa de su tristísima ópera prima. Joven. Inteligente. Guapo, incluso. Inevitable sentir celos de alguien que con sólo 26 años ya ha ganado el premio Strega, el mayor galardón de las letras italianas, y se ha metido en el bolsillo no sólo al público, sino también a la crítica de medio mundo.
Uno queda desarmado por el precoz talento de este físico capaz de encontrar la fórmula del éxito a tan temprana edad. Por la hermosa metáfora matemática que ha elegido para hilar su historia y dar título al libro. Por su pericia a la hora de ensamblar la trama, haciendo un uso admirable de la elipsis y construyendo dos vidas a través de momentos concretos.
Sin embargo, y por encima de todo, queda conmovido por su valentía para sumergirse en las tripas de la soledad, en esa negra e infranqueable burbuja en la que viven envueltos Mattia y Alice, los dos protagonistas de la novela.
En un mundo plagado de historias de amor convencionales, el periplo vital de estos dos crónicos inadapatados, de estas dos líneas paralelas que avanzan separadas hacia el infinito, deja en el corazón el delicioso amargor de las obras destinadas a perdurar. Bravo Paolo.

lunes 27 de julio de 2009

"Valkiria": el tuerto era yo


Viendo "Valkiria" me sentí como su protagonista: con un parche en el ojo. Era como si mi capacidad visual, al igual que ese coronel Claus Von Stauffenberg que tan solventemente interpreta Tom Cruise, se hubiera reducido a la mitad, porque los hechos se iban sucediendo y yo no era capaz de asimilarlos en su totalidad. He de decir que la película estaba acompañada de los subtítulos peor traducidos de la historia, pero me temo que ese no era sólo el problema. Y es que me dio la impresión de que la cinta de Bryan Singer no era capaz de responder a todos los interrogantes que me iban surgiendo según avanzaba el metraje. ¿Cuándo, cómo y por qué aparece el desencuentro entre este militar rebelde y el III Reich? ¿Cómo nace el complot para acabar con Hitler? ¿De dónde salen todos esos conspiradores? Como una película de la que se han sacrificado muchas partes en la sala de montaje, "Valkiria" me pareció un engorroso puzzle del que me faltaban piezas. Y por eso, no me provocó la más mínima emoción.

martes 21 de julio de 2009

"¿Olvidar a Rodin?": cultura y escultura


No sé de nada. Y menos de arte. Sin embargo, camino por los pasillos de la Fundación Mapfre, observo las esculturas de la exposición "¿Olvidar a Rodin?", y tengo la deliciosa certeza de estar presenciando algo grande. Algo trascendente.
Leo los paneles explicativos y descubro que todas las obras pertenecen a grandes genios de la disciplina que coincidieron en París entre 1905 y 1914: Archipenko, Brancusi, Epstein, el propio Rodin... Examino las armoniosas formas de "La Mediterránea" de Maillol (en la foto), o la estilizada figura de esa especie de Grecos en tres dimensiones que esculpía Lehmbruck, y reflexiono sobre la capacidad mágica que tiene una muestra de parar el tiempo y el espacio. De condensarlo. De concentrar en una gota perfecta un oceáno de años, tendencias, obras, personas, escuelas...
Sigo leyendo y averiguo que Rodin es el motor de ese torrente artístico. Que los autores que le siguieron se rebelaron contra el exceso de expresividad y dramatismo de su estilo y buscaron la vanguardia en el clacisismo y en formas más serenas y moderadas. Llego al final de la exposición y, como resumen perfecto de esta explicación, veo a "El Pensador" de Rodin y a "El Hombre Sentado" de Lehmbruck. Ambos desarmantes. Uno por su fuerza y otro por su sencillez. Y pienso en lo maravilloso que ha sido dedicar mi tiempo a ser un poco menos ignorante.

sábado 18 de julio de 2009

Russian Red y las segundas oportunidades



Decía recientemente Ibon Errazkin en el Rockdelux que, en la era de las descargas, los reproductores portátiles y Spotify, ya nos les concedemos oportunidades a los discos más difíciles. Suscribo completamente su reflexión. Tenemos acceso a tanta música que, si el primer o segundo tema no nos engancha inmediatamente, pasamos a otro disco rápidamente.

Algo parecido me ha sucedido con Russian Red. Evidentemente, "I love your glasses" no es el súmmum de la complejidad, pero sí es cierto que, al ser un disco más folk que pop, sus canciones ("Cigarettes" aparte) son menos directas que las que acostumbro a escuchar. Por ese motivo, tenía el debut de Lourdes Hernández un poco abandonado en la estantería de mi casa. Tan abandonado que ni siquiera lo había escuchado entero. Hasta que la semana pasada la vi en directo teloneando a Antony & The Johnsons y decidí darle una segunda oportunidad.


Es difícil que los trabajos de artistas españoles que cantan en inglés soporten la comparación con los de sus colegas británicos o americanos. Sin embargo, en el caso de Russian Red, ese prejuicio pasa a un segundo plano porque, más que lo que dice, lo que importa es cómo lo dice. Y es que, por una vez en la historia del indie español, la cantante sabe cantar. Y de qué manera. No sólo es la voz. Es la forma de interpretar. Lourdes Hernández juguetea con las palabras hasta crear su propio idioma. Las dota de nuevos significados y matices. Las transforma y las recompone. Haced la prueba a escuchar el disco con las letras delante y veréis que no recita estrofas. Las reinventa.

Mucha gente en España ya se ha hartado de ella. Esa es la señal inequívoca de que a la chica le sobra talento.

jueves 16 de julio de 2009

Soy el que más sabe de drogas del mundo


Hasta hace poco, mi experiencia con las drogas era prácticamente nula. De hecho, se limitaba a un frustrante episodio en un coffe shop de Amsterdam. Recuerdo que pedí un space cake con la intención de colocarme por primera vez en la vida y, después de media hora de nerviosa espera, lo único que noté fue una desagradable sensación de sequedad en la boca. Se lo comenté a la persona que me acompañaba y no tardó en sacarme de mi error: eso no era por el pastel, sino por el té en el que lo estaba untando. Y es que lo del space cake parecía ser sólo una excusa para vender rebanadas de pan Bimbo a 10 euros.

Ahora, sin embargo, todo ha cambiado. Ahora, que acabo de terminar de ver "American gangster", que estoy inmerso en la segunda temporada de "The Wire", que ya he visto la primera entrega de "Breaking Bad" y las tres primeras de "Weeds", ahora lo sé todo. Cómo cultivar maría. Cómo cocinar metanfetaminas. Dónde conseguir heroína. Como introducirla en el país. Como diluirla. Como distribuir el material. Cómo venderlo en las calles. Qué hacer para que no me pillen. Qué tipo de abogado contratar para que me salve el pellejo si por un casual me echaran el guante. Qué pernera del pantalón arremangarme para parecer más malote.

Es una lástima que sea demasiado honrado para esto, y que además no me apetezca ganarme la vida arruinándosela a los adictos, pero no cabe duda de que podría hacer carrera como narcotraficante después del máster sobre la materia que supone mucha de la televisión y el cine de hoy en día.

martes 14 de julio de 2009

"Still walking": la importancia del momento


Como diría Bob Dylan, "I was young when I left home". Hace más de doce años que me fui de casa y muchas noches sueño con estar tumbado en mi cama. Con estar con mis padres. Con compartir más tiempo con ellos y decirles cuánto les quiero. Sin embargo, cuando vuelvo, una vez cada dos meses, aproximadamente, no hago nada. No me muestro tan hermético ni me pongo tan a la defensiva como el hijo protagonista de "Still walking", pero tampoco derrocho cariño y calor. Simplemente, la relación en casa es así. Cotidianamente fría. Como en la mayoría de los hogares. Aquí y en Japón.

"Still walking", la segunda película de Kore-Eda que veo tras la maravillosa "Nadie sabe", es una reivindicación del momento. Un recordatorio para todos aquellos que creemos que tenemos todo el tiempo del mundo para expresar lo que sentimos y dejamos que la frialdad se apodere de las relaciones con nuestros seres queridos. Una de las mejores películas que he visto últimamente. Y sin duda la más triste.


domingo 12 de julio de 2009

"Bolt": ¿Pixar o Disney?


Cuando vi "Bolt" pensé que era demasiado buena para haber sido producida por Walt Disney Animation Studios. De hecho, me parecía increible que alguien hubiera sido capaz de acercarse a la excelencia de Pixar. Sin embargo, luego me enteré de que John Lasseter (que por lo visto ahora también manda en la casa madre Disney) había supervisado la producción y lo comprendí todo.

Es imposible hacerle sombra a esta gente. Por una sencilla razón: son los únicos que se toman en serio el cine de dibujos animados. Los únicos que, como dice Lasseter, saben que, antes del humor, debe haber amor. Puede que sagas como "Ice Age" o "Madagascar" estén teniendo éxito, pero, sinceramente, sus personajes son tan planos y endebles como el papel de fumar y han sido paridos única y exclusivamente para hacer gracia al público menos exigente.

"Bolt" no solo gana por goleada en el apartado técnico. La planificación de sus escenas de acción estremece y su arranque está a la altura de los momentos más trepidantes de James Bond, "Misión imposible" o Matrix. La secuencia musical que ilustra el viaje de Bolt con sus amigos, por ejemplo, debería mostrarse en las escuelas de cine. Pero es que además, y esto es lo importante, su argumento, que recuerda un poco a "El show de Truman", plantea un dilema de peso, un conflicto existencial digno de Pirandello o Unamuno: el del individuo que desconoce que su vida es pura ficción y depende de los designios de su creador.

Ahora la pregunta es: ¿dónde está la frontera entre Pixar y Disney? Sinceramente, me da igual. Si por mi fuera, John Lasseter y compañía deberían supervisar todos los dibujos animados del mundo.

jueves 9 de julio de 2009

La Bien Querida y los clásicos domésticos

"Clásico doméstico": dícese de aquel disco o tema que gusta a todos los miembros de la familia y que, de tanto ponerlo, acaba formando parte de la banda sonora del hogar.

En nuestro caso, los clásicos domésticos no son muy originales ya que son también clásicos del pop reciente en general. Discos de Belle & Sebastian, La Buena Vida, Kings of Convenience, Family... Temas sueltos de Damien Rice ("The blower's daughter"), The Cardigans ("Communication"), Jens Lekman ("The opposite of Hallellujah")... Todos ellos, como habréis visto, comparten virtudes similares. Sensibilidad. Melodía. Y todos ellos, también, cumplen la única condición sine qua non para ser un clásico doméstico: se oyen bien en el mediocre lector de CD's de nuestro coche, un reproductor-lavadora que centrifuga los discos y convierte en una tortura la escucha de cualquier tema en el que suenen a la vez más de tres o cuatro instrumentos.

En las últimas semanas se ha sumado a esta lista un clásico doméstico que parece destinado a, como diría Joaquín Luqui, ser tres, dos o uno en este chart sentimental: el "Romancero" de La Bien Querida. Y, en cierto modo, me sorprende, porque ni me gusta el flamenco, ni los toques étnicos ni las chicas con falda larga, tres elementos íntimamente ligados a Ana Fernández-Villaverde, que por lo visto (¿por qué no me enteré?) ya había generado gran expectación con su maqueta .

De todas formas, para no despistar al que no lo conozca, el debut de La Bien Querida estaría archivado exactamente en la misma sección que varios de los clásicos domésticos mencionados más arriba. Pop deliciosamente dulce. Canciones sobre el amor y el desamor. Indie español en el mejor sentido de la palabra con dos ventajas sobre otros proyectos parecidos: la voz (bastante mejor que la de Irantzu Valencia o las chicas de Nosoträsh, por ejemplo) y la producción (excelente David Fernández, de "Beef"). En definitiva, una docena de temas que, en general, desarman más por la forma que por el fondo. A pesar de alguna frase destinada a perdurar y que no dejamos de tararear en la ducha. Ejemplo: "Virgen de la Cueva por favor, haz que no llueva". O mi favorita: "Si me desperté una mañana a tu lado, es que el universo no estará tan mal pensado".

miércoles 8 de julio de 2009

Antony & The Johnsons: el inculcable valor de lo único


La diferencia escasea. Hay miles de artistas, de músicos, de actores… pero muy pocos tienen un don único. Algo que les distinga entre la multitud. El difunto Michael Jackson, por ejemplo, lo tenía: ese baile glorioso e inigualable. Antony Hegerty también es un elegido. Por su voz. Por ese timbre tan especial en torno al cual se construye todo lo demás. Una forma de cantar que, sumada a su singular personalidad, a un puñado de grandes temas y al elegante buen hacer de los Johnsons, da como resultado un conjunto delicioso. Tan delicioso como para, después de mucho tiempo sin oir música en directo, animarme a asistir a su concierto en el madrileño Circo Price (lo de Price debe ser por el precio: 75 euros).
Precedido por tres micro-números de danza moderna, Antony, encantador, actuó con su piano durante dos horas largas en las que fue desgranando principalmente los temas de sus dos últimos discos. “Kiss my name”. “Hope there’s someone”. “Fistful of love”. Todas las canciones sonaron impecablemente. Tremendamente bellas.
Yo, que fui sin ningún acompañante, las escuchaba desde mi butaca con la profunda concentración del que escucha en soledad y, con cada estrofa, sentía como si me fuera sumergiendo en una bañera de agua tibia. Por un momento, ya no me importó nada. Las obligaciones. Las responsabilidades. La frustración. Todo se diluyó en medio de la noche. Y me arrepentí de haber pasado tanto tiempo sin abandonarme a esa sensación liberadora. A esa huida inmediata que proporciona el arte en vivo y en directo.

sábado 4 de julio de 2009

Tipos cargantes (I): James Ransone


Lo que más me gusta de tener un blog es que es el único lugar en el que puedo hacer lo que me dé la santa gana. Por eso he decidido, así por las buenas, crear una sección que llamaré "Tipos cargantes" y que no tengo ninguna obligación de actualizar ni mantener. Lo mismo esta es la primera entrada de una larga serie que no volvéis a ver ni a uno más de estos personajes por mi site.
En realidad, para ser sincero, esta sección nace expresamente para poner a caldo a un individuo estomagante, de nombre James Ransone, al que vengo sufriendo últimamente. Probablemente el bueno de James, cuando no actúa, no sea mala persona, pero los dos personajes por los que le conozco me ponen de los nervios. Me crispan. Me matan.

La primera vez que me topé con Ransone interpretaba en "Generation Kill"(HBO) a un chófer-marine verborreico incapaz de callarse y de dejar de decir sandeces aunque le rodeara un ejército de insurgentes iraquies armados con lanzagranadas. Ahora, me lo he vuelto a encontrar en un trabajo anterior en la segunda temporada de "The Wire" (también de HBO) y lo curioso es que ¡¡¡hace el mismo papel!!! Interpreta a un fulano llamado Ziggy igual de pesado, de irritante, de cansino y de presuntamente gracioso sin tener la más puñetera gracia.
Si algún lector también es víctima de los personajes de Ransone y de ese registro al más puro estilo Jar Jar Binks puede llamar al 876 564 321, aunque les advierto que el número es totalmente falso.