lunes 23 de noviembre de 2009

Wild honey: belleza salvaje

Si me acomodara y me limitara sólamente a hacer mi trabajo, si no buscara estímulos fuera de mi anodina jornada laboral, este blog y algunas otras cosas no existirían. En ese caso no se perdería nada. Sin embargo, conozco a muchas otras personas enormemente talentosas, genios anónimos, que nos privarían de grandes maravillas si sucumbieran a la rutina cotidiana y dejaran de crear una vez terminado su horario en oficinas, bancos, departamentos de márketing, organismos oficiales... Si se dejasen anestesiar por el día a día y se quedasen sin energía para desarrollar lo que en el fondo mejor saben hacer.

Uno de los mejores discos nacionales del año está compuesto por una persona así. Por alguien que tiene que hacer pinos puente con su tiempo libre para poder regalarnos su talento. En la escena musical española, evidentemente, esto no es novedad. Lo que sí es novedoso, sobre todo para mí, es que ese autor se siente a pocos metros de mí en la oficina. Y eso me toca la fibra .

"Epic handshakes and a bear hug", de Wild Honey, sigue una de mis máximas favoritas (algo que debería ser dogma en la era Spotify): lo bueno, si breve, dos veces bueno. Guillermo Farré, la persona que se esconde bajo ese pseudónimo sacado de un álbum de los Beach Boys, sólo necesita 30 minutos para conquistarte. Para dejarte embriagado con una docena de pequeñas grandes golosinas de pop atemporal. "Hal Blaine's Beat". "1918-1920". "Isabella". Todas ellas son deliciosas sin empalagar. Todas convierten la ciudad en algo más bello cuando caminas escuchándolas con tus auriculares.

No lo dudes y descárgate el disco aquí. Y si te gusta, por favor, cómpralo. Porque lo maravilloso de este tipo de trabajos es que no están hechos para ganar dinero, ni para llegar a fin de mes, ni para ascender, ni para ser socialmente aceptado. Están compuestos única y exclusivamente por el placer de hacerlos. Por amor al arte en el más estricto sentido de la palabra.

Ahora viene la parte más siniestra de este post. Si muchos damos lo mejor que tenemos a partir de las siete de la tarde, ¿qué sucede con todas esas horas malgastadas hasta entonces? ¿Dónde va toda esa energía? Mejor no preguntar