
Lo peor de alargar una serie sin más motivos que los económicos es que la mediocridad de las nuevas tramas acaba borrando el grato recuerdo de las primeras temporadas. Pasó en el cine con "Matrix" y sus dos fallidas secuelas, por ejemplo, y pasa ahora con dos series que me encantaban pero han terminado decepcionándome.
"Prisonbreak" y "Weeds" eran muy buenas, pero, en su afán de estirarlas hasta el infinito, las han cambiado tanto que ya nadie las reconoce. ¿Qué fue de aquel presidiario que se tatuó en el cuerpo su plan de fuga? ¿Y de aquella ama de casa que vendía marihuana? Afortunadamente, las correrías de Lincoln Burrows y Michael Scofield han tocado a su fin. Sin embargo, las de Nancy Botwin continuarán al menos durante dos temporadas más. Viendo los graves síntomas de envejecimiento que presentaba en esta última temporada, la serie merecía una muerte digna. Sin embargo, parece que sus responsables prefieren alargar su agonía a la espera de una improbable recuperación.
Menos mal que siempre nos quedará "Lost". Los guionistas se pueden perder por el medio, pero al menos, en teoría, saben donde empieza la historia y donde acaba.

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