
"Anticristo" tiene uno de los comienzos más espectaculares del cine reciente. Un arranque sublime. Sus primeros minutos, un prólogo rodado en cámara ultralenta al ritmo de una popular aria de Handel, son una auténtica maravilla visual en la que Von Trier narra con arrebatadora belleza un suceso horrible: la muerte de un niño. Recomendaría a todo el mundo que lo viera. Y que, en cuanto acabe, abandone la película.
Y es que acto seguido todo se desmorona. Técnicamente, "Anticristo" sigue siendo majestuosa, y sus dos únicos actores, Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg, hacen los papeles de su vida. Sin embargo, Von Trier desaprovecha esta excepcional materia prima al ponerla al servicio de una historia sin pies ni cabeza. Desagradable por lo gratuito de su violencia. Cuestionable por su afán de perturbar al espectador y ensalzar el horror a toda costa.

Parece ser que Von Trier se tomó esta obra, esta historia de penitencia, dolor y locura, como una terapia personal. Antes era más permisivo con las obras crípticas producto de las indescifrables obesiones de sus creadores. Ahora reniego de esta especie de masturbaciones públicas por la sencilla razón de que es injusto exigir al espectador tanto.
Lo lamento, porque me gustan mucho la mayor parte de las películas de Von Trier. Sin embargo, no dejo de pensar en la gran obra maestra que se podría construir poniendo toda esa belleza visual al servicio de otro tipo de historia.

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