
Es imposible que no resulte al menos simpática una película en la que el gran villano es un banco. Propongo de hecho más títulos que denuncien los desmanes de estas terroríficas corporaciones que dominan nuestras vidas. No estaría mal por ejemplo un documental en el que Michael Moore le sacara los colores a Botín, o una secuela de "Un día de furia" en la que Michael Douglas se liara a balazos en una sucursal para que le devuelvan las comisiones.
En "The international" Clive Owen interpreta al defensor del cliente que todos querríamos tener, un idealista justiciero que lucha por desenmascar a una entidad financiera enredada en el negocio del tráfico de armas. Lamentablemente, fuera de la afinidad que uno siente por este moderno Harry el Sucio, al que uno desearía ver protegiéndonos pistola en mano contra las barrabasadas de Caja Madrid, Banesto o el BBV, este thriller no logra engancharme ni transmitirme nada mínimamente estimulante. Si acaso, el tiroteo en el Guggenheim de Nueva York. Lástima de Tom Tykwer, que me sedujo con "Corre Lola corre" y "La princesa y el guerrero" y últimamente me tiene un tanto despistado.

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