martes 14 de julio de 2009

"Still walking": la importancia del momento


Como diría Bob Dylan, "I was young when I left home". Hace más de doce años que me fui de casa y muchas noches sueño con estar tumbado en mi cama. Con estar con mis padres. Con compartir más tiempo con ellos y decirles cuánto les quiero. Sin embargo, cuando vuelvo, una vez cada dos meses, aproximadamente, no hago nada. No me muestro tan hermético ni me pongo tan a la defensiva como el hijo protagonista de "Still walking", pero tampoco derrocho cariño y calor. Simplemente, la relación en casa es así. Cotidianamente fría. Como en la mayoría de los hogares. Aquí y en Japón.

"Still walking", la segunda película de Kore-Eda que veo tras la maravillosa "Nadie sabe", es una reivindicación del momento. Un recordatorio para todos aquellos que creemos que tenemos todo el tiempo del mundo para expresar lo que sentimos y dejamos que la frialdad se apodere de las relaciones con nuestros seres queridos. Una de las mejores películas que he visto últimamente. Y sin duda la más triste.