miércoles 8 de julio de 2009

Antony & The Johnsons: el inculcable valor de lo único


La diferencia escasea. Hay miles de artistas, de músicos, de actores… pero muy pocos tienen un don único. Algo que les distinga entre la multitud. El difunto Michael Jackson, por ejemplo, lo tenía: ese baile glorioso e inigualable. Antony Hegerty también es un elegido. Por su voz. Por ese timbre tan especial en torno al cual se construye todo lo demás. Una forma de cantar que, sumada a su singular personalidad, a un puñado de grandes temas y al elegante buen hacer de los Johnsons, da como resultado un conjunto delicioso. Tan delicioso como para, después de mucho tiempo sin oir música en directo, animarme a asistir a su concierto en el madrileño Circo Price (lo de Price debe ser por el precio: 75 euros).
Precedido por tres micro-números de danza moderna, Antony, encantador, actuó con su piano durante dos horas largas en las que fue desgranando principalmente los temas de sus dos últimos discos. “Kiss my name”. “Hope there’s someone”. “Fistful of love”. Todas las canciones sonaron impecablemente. Tremendamente bellas.
Yo, que fui sin ningún acompañante, las escuchaba desde mi butaca con la profunda concentración del que escucha en soledad y, con cada estrofa, sentía como si me fuera sumergiendo en una bañera de agua tibia. Por un momento, ya no me importó nada. Las obligaciones. Las responsabilidades. La frustración. Todo se diluyó en medio de la noche. Y me arrepentí de haber pasado tanto tiempo sin abandonarme a esa sensación liberadora. A esa huida inmediata que proporciona el arte en vivo y en directo.