miércoles 17 de junio de 2009

La Feria de los Mil Millones de Libros


Nunca olvidaré la primera vez que visité la Feria del Libro de Madrid, hace más de una década. Me sentía como un niño a las puertas de Disneylandia. Ansioso por ver en persona a sus héroes favoritos. Por mirarles a los ojos y conversar con ellos por unos segundos, aunque sólo fuera para preguntarles "¿me dedicas tu novela?". Y es que para un imberbe lector de provincias Marías, Muñoz Molina o la difunta Martín Gaite eran como los Mickey, Pluto y Donald de la literatura nacional (por mucho que las colas de verdad las copase Ibáñez dibujando Mortadelos).
Hace una semana volví a caminar por el Paseo de Coches del Retiro y ya no quedaba ni un ápice de aquella vieja emoción. Se ha ido evaporando año tras año hasta marchitarse por completo. Ni rastro de la excitación que provocaba ver a tu autor favorito en vivo y en directo. Ni un mínimo vestigio de aquella pasión por una de las citas imprescindibles del calendario.
En su lugar sólo había casetas. Y casetas. Y casetas. Inabarcables. Infinitas. Centenares, miles, millones de libros que jamás tendré tiempo de leer. Que me aturdían. Que me rodeaban. Asfixiado, apenas me detuve en ningún puesto y me fui con un ejemplar que podría haber comprado en El Corte Inglés.