
Pobre Nani Moretti. Siempre pierde a alguien. O al menos es lo que a mí me parece. Le recordaba sobre todo como el apesadumbrado padre que tiene que superar la muerte de su vástago adolescente en la estupenda "La habitación del hijo", y ahora me lo encuentro llorando la trágica desaparición de su mujer en la no menos estupenda "Caos calmo", una película en la que sólo ejerce de actor pero que, con mis disculpas a Antonello Grimaldi, únicamente logro asociar a la figura del autor de "Caro diario".
Soy plenamente consciente de por qué me encanta "Caos calmo", y es que la adaptación de la novela homónima de Sandro Veronesi plantea algunas de las preguntas que más a menudo martillean en mi cabeza. ¿Qué pasaría si de repente cogiésemos las riendas de nuestra vida? ¿Si dejáramos de ir corriendo a todos los sitios e ir persiguiendo las agujas del reloj, agobiados por las obligaciones laborales y la necesidad de luchar por el bien ajeno? ¿Qué pasaría si un buen día decidiéramos librarnos de nuestras cadenas, sentarnos en un banco de un parque y dedicarnos a pensar en aquellos a los que más queremos?
"Caos calmo" es una bella refelexión sobre las cosas que importan. Sobre el sinsentido de entregar la vida a tareas supuestamente vitales y la necesidad de pararse a pensar en quién es uno mismo y los que le rodean. Desde ya (aunque el filme es de hace un año) la película oficial de movimiento Slow.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada