jueves 5 de febrero de 2009

"Watchmen" y "Plomo Man"

Aquellos que hace unos meses leyerais el nada entusiasta post que escribí con motivo del estreno de la aclamada "El caballero oscuro" ya os habréis dado cuenta de que esto de los súper-héroes no es lo mío. Sin embargo, como no escarmiento, sigo reincidiendo y dándoles segundas, terceras y cuartas oportunidades a unos personajes que al final, más que admiración, sólo acaban provocándome tedio.
La énesima decepción me la he llevado con "Watchmen", comic de culto de Alan Moore y Dave Gibbons por el que siempre sentí curiosidad y en cuya lectura finalmente me animé a embarcarme ante la inminencia del estreno de la película.
Aunque soy un completo profano en la materia, puedo reconocer sus innegables méritos narrativos. Su gran estilo y su minuciosa planificación cinematográfica. El titánico esfuerzo que debe representar acometer un proyecto de tales dimensiones. Su ambicioso planteamiento argumental. Sin embargo, todos esos ingredientes no han bastado para suscitar en mí una mínima emoción. De hecho me han dejado helado, porque al igual que me sucede con todo la pseudo-filosofía que rodea el mundo de los súper-héroes, gran parte del discurso de "Watchmen", por mucho que desmitifique muchas de las constantes del género, me pareció tan pueril y sonrojante que a punto estuve de no llegar al desenlace de la historia (que dicho sea de paso, quizás sea el punto más flojo de la obra).

Tres cuartos de lo mismo (aunque a otra escala, porque tampoco tenía excesivas ilusiones) me ha sucedido con "Iron man", una película infantil, plúmbea y aburrida hasta la extenuación. Baste decir que los últimos diez minutos los tuve que reproducir como cinco o seis veces porque no había forma de terminar sin quedarme dormido. Lo peor, en todo caso, no es ver a Robert Downey Jr. desperdiciar su talento bajo ese montón de sofisticada chatarra. Lo peor es la certeza, a tenor de cómo acaba el filme, de que la saga continuará.

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