viernes 16 de enero de 2009

"Happy-Go-Lucky": la sonrisa como escudo

Hace algunos años pasó de puntillas por la cartelera una metafísica película de dudosos méritos artísticos pero apasionante desde otros puntos de vista: "¿Y tú qué sabes?". Básicamente, el estimulante mensaje de esta especie de filme de auto-ayuda era que el universo entero está en nuestra mente, y que somos nosotros, y sólo nosotros, los que tenemos el poder de cambiarlo y hacer que funcione a nuestro antojo, lo que supondría el fin de la desdicha, la monotonía, la angustia y el dolor.
No existe una relación muy directa entre esta película y "Happy-Go-Lucky", pero no puedo evitar acordarme de ella al asistir al extremo (a veces entrañable, a veces estomagante) despliegue de felicidad de Poppy, la protagonista de lo último de Mike Leigh, un filme edificado, más que sobre una historia y un argumento, sobre un mensaje.
Y es que Poppy, interpretada por Sally Hawkins, tiene un plan maestro para enfrentarse a la rutina diaria, a la agresividad, a la miseria, a la presión social, al eterno cielo gris de Londres. Un remedio tan simple que, como todas las grandes ideas, uno no sabe porque no se le ha ocurrido a él antes. Ese plan no es otro que la sonrisa. Tan sencillo y tan complejo. La sonrisa real y genuina no sólo como coraza sino también como elemento arrojadizo. Como luminosa arma biológica con la que intoxicar al entorno.
Ya lo sabíamos, pero está bien que nos lo recuerden. La felicidad ni se busca ni se encuentra. La felicidad se crea.