jueves 22 de enero de 2009

Encontrando a Wall-E


Perdón por la frivolidad, pero siempre pensé (incluso antes de convertirme en padre) que una de las mejores cosas de tener descendencia sería disfrutar de las películas de Pixar en compañía de mi hijo. Volver a gozar como un enano con las aventuras de Woody y Buzz Lightyear. Con el mundo en miniatura de "Bichos". Con Los Increibles. Con la desopilante escena de las puertas de "Monstruos S.A". Con ese maravilloso plato de alta cocina animada que es "Ratatouille".
Hasta ahora había tenido que retrasar el comienzo de esta suerte de cine-fórum familiar a la espera de que mi pequeño estuviera mínimamente preparado para estímulos más complejos. Me había limitado a comprarle un pack de calzoncillos Pixar para que siempre tuviera un Rayo McQueen o un Nemo bajo los pantalones. Sin embargo, la semana pasada llegó el gran día. Y que mejor película para abrir este ciclo que la que algunos consideran el más brillante título de animación de la historia: "Wall-E".
Lo mejor de "Wall-E" es lo que, paradójicamente, la mayoría de padres critican como su principal defecto: su ausencia de diálogos. Para el niño, porque pudo así introducirse en el mundo de los largos de forma más light y amena, sin verse obligado a tener que descifrar conversaciones que aún están fuera de su alcance. Para mí, porque me permitió disfrutar de un deslumbrante despliegue de animación muda, un ejercicio de una delicadeza y perfección absolutas, que representa sin duda una de las cumbres del género.
Y es que si algo caracteriza a Pixar y les diferencia de todos sus competidores, siempre a rebufo del talento de los chicos de Lasseter, es su innovación. Su permanente deseo de ir más allá. Mientras otras películas siguen esquemas demasiado conformistas y planteamientos argumentales en exceso arquetípicos, Pixar siempre busca una vuelta de tuerca. Por eso, como Wall-E y Eve, están en la estratosfera.
Para la historia quedará también esa interpretación del futuro lejano, en el que la tecnología nos habrá despojado de toda vitalidad e iniciativa convirtiéndonos en masas amorfas y sedentes.
Por si no os he vendido lo suficiente "Wall-E", adjunto un video de la corporación Buy N Large que os mostrará otras virtudes de este pequeño gran robot.