
Ahora mismo, yo no soy yo. Es algo pasajero, porque el sortilegio tocara a su fin la magica noche de Reyes, pero la realidad es que escribo estas líneas desde una nueva identidad. Ya no vivo en Madrid, sino en un pueblecito idilico del sur de Florida, una de esas comunidades ejemplares al estilo de la Agrestic de "Weeds" en la que los arboles y los bancos llevan el nombre de sus habitantes y los teclados no tienen ni acentos ni "enies".
En lugar de ver como la vida va pasando a traves de las ventanas de mi oficina, he cruzado al otro lado del cristal y ahora me dedico a exprimir la existencia al maximo. Recorro a diario playas paradisiacas con arena blanca como la harina. Tengo una lancha motora, dos coches, una piscina y un jacuzzi, y todas las "manianas" un repartidor invisible tira el periodico frente a la puerta de mi casa. Desayuno parsimoniosamente huevos con bacon y aderezo los sandwiches con unos curiosos pepinillos agridulces a los que empiezo a ser adicto.
Como no puedo acceder a las peliculas que tenia en mi otra vida, me adormezco disfrutando en mi pantalla de plasma gigante de blockbusters intrascendentes tipo "Noche en el museo". Como mis discos y mi Ipod tambien se quedaron al otro lado del cristal, escucho los CD's del jubilado norteamericano cuya personalidad he suplantado. Mi unica constante, como en ese monumental episodio de "Lost" en que Desmond quedaba atrapado en el tiempo, es una novela de Melania Mazzuco que pude transportar en mi viaje.
Para adoptar esta personalidad, he tenido por tanto que renunciar a esas peliculas, esos discos y esos libros que tan importantes me parecian y sin los cuales no existiria este blog. Y lo mas curioso es que me importa un bledo. Que desde esta nueva terraza desde la que me asomo a la vida todas esas ficciones me parecen grandes vasos de agua con los que tragar las capsulas de la monotonia.






