
No conozco un director capaz de enlazar tantas obras de nulo interés para un servidor como Alex De La Iglesia. Ni tampoco a nadie tan hábilmente sobrevalorado por la mercadotecnia. Al bilbaíno se le otorga el mérito, junto a otros compañeros de generación, de haber abierto con películas como "Acción mutante" o "El día de la bestia" nuevas vías dentro del cine español, una industria que discurría languidamente por senderos más que trillados y alejados del gusto de los espectadores de hoy en día. Sin embargo, a partir de ahí, y aprovechando que estamos en año olímpico, no puedo resistirme a decir que el listado de películas encadenadas a continuación es de récord. Record de intrascendencia, vulgaridad y desmesurada fata de elegancia. A saber: "Muertos de risa", "Perdita Durango", "La comunidad", "800 balas", "Crimen ferpecto"... Y es que cuando todos creíamos que gente como De La Iglesia estaba acabando con la españolada, lo que ocurría era justamente lo contrario. La estaban deconstruyendo, utilizando el argot gastronómico, y simplemente renovaban sus ingredientes para adaptarla a los estómagos del siglo XXI.
"Los crímenes de Oxford", sin ser casi nada, es al menos otra cosa. Un ejercicio de género mucho más sobrio y mucho menos sonrojante. Igual de vacuo e intrascendente, en efecto, pero al menos alejado de esa chabacanería que ensuciaba los títulos anteriores. Sin embargo, y eso es lo que, entre otras cosas, la hace increíble, está protagonizada por la pareja con menos química de la historia del cine: Elijah Wood y Leonor Watling. Una unión contra natura entre un imberbe e impávido ex-hobbit y una mujer y actriz que le da sopas con honda. Un tremebundo error de casting incapaz de ser disimulado ni por la más intrincada trama matemática.







