jueves 19 de junio de 2008

"La noche es nuestra": buen cine por sorpresa


Desde hace un tiempo, ya no leo las críticas de las películas hasta después de verlas. Lo mismo me sucede con los trailers. Temo, de forma más que fundada, que me desvelen algo. Datos que prefiero descubrir de primera mano. Giros del guión con los que me gusta ser sorprendido durante el transcurso de la trama. Así, guardo las páginas iniciales de cada "Fotogramas" para recuperarlas con posterioridad o, literalmente, cierro los ojos y me tapo los oídos en las salas cuando proyectan los cada vez más anticipados avances de próximos estrenos.
Sin embargo, hay ocasiones en que un vistazo rápido al titular de una reseña, o a las puntuaciones que los críticos (casi todos contra su voluntad) otorgan a los títulos de la cartelera puede servirnos para rescatar una película del más absoluto olvido. Es el caso de "La noche es nuestra". El póster del filme, en el que aparecen sus reputados protagonistas (Mark Wahlberg, Joaquin Phoenix, Eva Mendes y Robert Duvall), me hacía pensar simplemente en una cinta policiaca más de las muchos que factura Hollywood. Sin embargo, al leer de refilón alguna opinión más que favorable me incliné a darle una oportunidad. Y a fe que mereció la pena.
Sin ser ninguna obra maestra, la "Noche es nuestra" es una especie de versión menor de la insuperable "Promesas del Este" en la que otra historia de mafias rusas sirve de mcguffin para brindarnos una interesante historia sobre el deber, la lealtad y el amor fraternal. Todo ello contado con mucho estilo y aderezado con música de los 80, la década en que transcurre la acción. ¿Algún aliciente más? Los pocos fans que, aparte de mí, queden de Night Shyamalan podrán volver a ver a Joaquin Phoenix paseando entre maizales.
Adjunto el trailer para todos aquellos a los que no les importa que les destripen por completo el argumento.


lunes 16 de junio de 2008

Doce rosas y Pilar López de Ayala

Hay ocasiones en las que no conviene gastar demasiadas palabras (STOP). Escribir un post sobre "Las 13 rosas" es una de ellas (STOP). Un título que te devuelve a esa época en la que todas las películas españolas hablaban sobre la guerra civil (STOP) y del que sólo destacaré tres cosas(STOP): lo alucinante y extraño que resulta ver La Latina hace setenta años (STOP), la historia de ese guardia civil incapaz de decirle a su hija que la quiere (STOP) y Pilar López de Ayala, hoy por hoy, mi actriz nacional preferida y la única rosa de las trece que me tienta a escribir más que un simple telegrama.


martes 10 de junio de 2008

Sr. Chinarro: música para leer


He descubierto tarde a Antonio Luque, pero al menos, según dicen los que entienden de esto, lo he descubierto en su plenitud, a través de dos discos, los dos últimos, con los que el músico sevillano parece haber alcanzado su madurez: "El mundo según" y "Ronroneando". Dos breves entregas de pop perfecto, por lo que yo he escuchado bastante mejor producidas que sus trabajos anteriores, en los que Sr. Chinarro se supera a sí mismo en todos los sentidos: en los recursos utilizados, en el nivel de sus composiciones, en la agudeza de sus letras... Hay quien dice que incluso ahora Luque ha aprendido a cantar un poquito. Y es que este prestidigitador de la semántica, este malabarista de las palabras, es una suerte de negativo del triunfito: un poeta con un talento como autor inversamente proporcional al poderío de sus cuerdas vocales. En mi caso, y en el de todos aquellos que primamos la creatividad por encima de cierta habilidad para ser un gran cantante de karaoke, Luque, al menos a nivel nacional, tiene que ser un referente. Su discurso, trufado de ironía, de ingeniosísimos juegos de palabras y dobles sentidos, de ripios y jeroglíficos metalingüísticos, me trae a la mente el de otros escritores juguetones como puedan ser Cabrera Infante, Bryce Echenique o el mismo Millás. Temas tan proteicos como "Los ángeles" o "Los amores reñidos", en los que no sobra ni una coma, son una especie de greguerías modernas, envueltas además en una música que no desmerece en absoluto. Al contrario. "Ronroneando" y "El mundo según" están llenos de estribillos que se te pegan a la piel.
Adjunto el video de "Del montón" ("El mundo según"), no sólo por ser un top indiscutible en nuestro ránking doméstico, sino porque además me parece una de las pocos videos que, dentro del universo indie, están al nivel de la originalidad de la canción y su autor. ¡Ah! Y un aviso para profanos: el que canta no es Antonio Luque.

jueves 5 de junio de 2008

"XXY": el tercer sexo


Hay películas que dan pereza. Historias que descansan durante meses en el armario, o en el ordenador, a la espera de ser descubiertas y que casi siempre son desechadas a última hora, sustituidas por alguna otra más reciente o a priori más apetecible. "XXY", elegida por Argentina para representar al país sudamericano en los pasados Oscar, es uno de estos casos. No sé muy bien cuál es la razón, pero la he ido evitando durante semanas. Tal vez porque la presumía un tanto deprimente. Tal vez porque el boom del cine de estas latitudes (acordaros de la época de "Nueva reinas" o "El hijo de la novia") fue tan exprimido que uno parece haber perdido las ganas de volver a ver al bueno de Ricardo Darín.
El caso es que la semana pasada al fin le hinqué el diente, y como sospechaba, no me entusiasmó. Sin embargo, como de todo hay que sacar algo positivo, me hizo recordar. Me devolvió a los días, unos años atrás , en los que devoré "Middlesex", la novela de Jeffrey Eugenides que gira en torno al mismo tema que esta película de Lucía Puenzo: el hermafroditismo. Y pensé en qué dos formas tan diferentes de edificar una ficción en torno al mismo punto de partida. Mientras que el escritor grecoamericano, premiado con el Pulitzer, creó una maravillosa epopeya alrededor de su singular protagonista, merecedora de la a veces demasiado manida etiqueta de Gran Novela Americana, la directora Lucía Puenzo se limita a contar, como diría su colega y compatriota Carlos Sorín, una "historia mínima", un pequeño drama intrascendente que no sabe a mucho y está condenada a pervivir por muy poco tiempo en mi memoria. Todo lo contrario que las inolvidables palabras de Cal Stephanides con las que arranca "Middelesex": “Nací dos veces: fui niña primero, en un increíble día sin niebla tóxica de Detroit, en enero de 1960; y chico después, en una sala de urgencias cerca de Petoskey, Michigan, en agosto de 1974”.

martes 3 de junio de 2008

Pequeñas, medianas y monstruosas decepciones

A veces, por falta de tiempo, veo las películas por partes. Tal vez no sea la mejor manera de disfrutar del cine. Tal vez una película es un todo que no debería ser separado, que tendría que ser degustado bajo unas mismas condiciones y un invariable estado de ánimo. Sin embargo, es lo que hay. Lo máximo que me permite esta vida de esclavo asalariado. Quizás es por eso que "Deseo, peligro" no me haya llegado todo lo hondo que esperaba. Todo lo profundo que llegaron "Brokeback mountain", "La tormenta de hielo" o "Sentido y sensibilidad". La noche que vi la primera parte, tenía la impresion de enfrentarme a una historia que nunca arrancaba. La tarde que vi la segunda mitad, pese al aroma a clásico que impregnaban las secuencias finales, me pareció que todo sucedía demasiado rápido.
Levemente disgustado por esa pequeña decepción, probablemente provocada por esa percepción alterada que puede provocar el cine en fascículos, me enfrenté al día siguiente al visionado de "El orfanato". Y digo enfrentarme porque el que escribe, pese a tener ya una edad, sigue atemorizándose con los títulos de terror. Como finalmente el miedo brillaba por su ausencia, la vi del tirón, lo que, como acabo de desvelar, también depende más de la duración de la obra que de su calidad. Y me pareció que más allá de cualquier otra consideración, la ópera prima de Juan Antonio Bayona es pura y llanamente cine de género. Cine marcado por unas pautas totalmente reconocibles. Una película de casa encantada como las dos o tres que Hollywood pueda facturar cada año a la que salva en cierta manera el desenlace del misterio. Nunca le habríamos prestado excesiva atención si no fuera un producto nacional, pero esa etiqueta made in Spain que históricamente ha repelido al grueso de los espectadores parece que ahora lo atrae. Y no sólo eso. Parece asimismo que la opinión pública se mostrase más benévola a la hora de juzgar una película que de otro modo sospecho que habría pasado de puntillas por la cartelera.
Sobre la tercera película (¡milagro!) que he visto este fin de semana tampoco me quiero extender. Aquellos que se hayan parado a analizar el título de este post ya sabrán cuál es. "Monstruoso" me ha hecho sentir como un borrego. No sólo por el precioso tiempo que me ha hecho perder, sino porque he acabado convirtiéndome en una de las estúpidas víctimas de su espectacular y enigmática campaña de marketing. Como estamos a principios de semana y me siento enfadado con el mundo, adjunto el trailer con la insana intención de que algún otro bloguero indefenso muerda el anzuelo lanzado por el avispado JJ Abrams.