
Hay veces que el coche no parece un invento de Henry Ford, sino de H.G. Wells. Una máquina sacada de la literatura fantástica que no sólo se desplaza por el espacio, sino también por el tiempo. Y es que cuando viajo entre el caótico Madrid en el que vivo y la idealizada Vitoria en la que nací, los kilómetros se convierten en semanas. En meses. En años. En el trayecto de ida, rejuvenezco y vuelvo a esos veintipocos que tenía cuando emigré. En el recorrido inverso, de regreso al futuro, la vida se apoya con todo su peso sobre mí y me hace sentirme como un anciano prematuro.
Este pasado puente de la Inmaculada, un oscuro y eterno aguacero empapaba la la operación retorno, y los cristales empañados y cubiertos de miles de gotas acentuaban esa sensación de viaje de ciencia ficción. De pronto, en mitad de la nada, mi acompañante me propuso escuchar el nuevo disco de La Oreja de Van Gogh. Primero, con la asquerosa condescendencia del que se cree destinado a cosas mejores, accedí displicente. Después, arrepentido de mi arrogancia, me propuse escuchar a los de San Sebastián con el mayor de los respetos hacia ellos y hacia aquellos a quienes hacen disfrutar. Sorprendentemente, sus letras (algunas con refrescantes condenas al terrorismo) me supieron mejor de lo que pensaba. Su música, en cambio, me resultó tan convencional como recordaba, y su nueva voz femenina me pareció irrelevante y monótona en su perfección.
Escuché el disco entero, canción escondida incluida, y ahora recuerdo ese momento como algo que nunca ocurrió. Como un paréntesis entre dos realidades paralelas. Como un agujero en el tiempo al que me empujaron estos cinco chicos para que de una vez por todas me dignara a escucharles.
Escuché el disco entero, canción escondida incluida, y ahora recuerdo ese momento como algo que nunca ocurrió. Como un paréntesis entre dos realidades paralelas. Como un agujero en el tiempo al que me empujaron estos cinco chicos para que de una vez por todas me dignara a escucharles.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada