viernes 14 de noviembre de 2008

El cine y las series: preguntas con respuesta


El otro día, en una sección de la revista Fotogramas llamada "Preguntas sin respuesta", formulaban la siguiente interrogante: "¿Por qué muchos de nuestros amigos cinéfilos se han pasado al bando de los sólo teléfilos?". Pues bien, como nada más leerla me sentí aludido, como enseguida me reconocí a mí mismo entre esas personas, cada vez más numerosas, que han empezando a descuidar las películas en beneficios de la series, que experimentan más entusiasmo ante la idea de ver el siguiente capítulo de The Wire o Generation Kill que ante la mayoría de los filmes, he decidido aventurarme y dar mis propias y particulares respuestas:
- El poder abductor de la trama: una vez que he empezado una serie, no puedo dejar de verla y condenarme a no conocer jamás el desenlace. Es como una especie de secuestro.
- La ley de probabilidades: si sumara todas las películas que he visto en los últimos años, dudo que más de un 10% sean dignas de archivar en la memoria. Si hago el mismo cálculo con las series, podría llegar al 90%. Sigue habiendo grandes películas y pésimas series, pero, si hablamos de calidad media, la televisión supera con creces a la gran pantalla.
- Los personajes: como ocurre cuando uno lee una novela de mil páginas, la larga convivencia con los protagonistas acaba haciendo brotar en el espectador un afecto especial por ellos.
- El formato: tiranías de la vida moderna. Una buena dosis de ficción comprimida en 40 minutos es mucho más fácil de incrustar en mi delirante agenda.
Con esto no quiero decir ni mucho menos que ahora me guste más la tele que el cine. Sigue sin haber nada mejor que una gran película. Sin embargo, lamentablemente, me sobran dedos en las manos para contar las que he visto últimamente. ¿O es que a alguien se atreve a decirme qué estreno de los últimos meses es mejor que, por ejemplo, Mad Men? Dígannmelo y correré a verla.