viernes 12 de septiembre de 2008

"Una lectora nada común": mi reino por un libro


Cuanto menos leo peor escribo. Suena incongruente, pero aquellos que gozan de forma activa y pasiva de la literatura, aunque sea de forma tan poco promiscua como en mi caso, saben que las palabras, las frases, los versos, entran por los ojos y, después de un tiempo de maceración, acaban saliendo por la punta de los dedos, a través del lapiz, el bolígrafo o el teclado del ordenador.
Hace tiempo que vengo dándole vueltas a esto, principalmente desde que, tratando de huir del hacinamiento consustancial a Madrid, voy a trabajar en bicicleta y he reducido drásticamente mi tiempo de permanencia en esa sala de lectura rodante que es el transporte público. Sin embargo, después de disfrutar de "Una lectora nada común", de Alan Bennett, esa condición de la literatura como combustible de la escritura, como carbón que alimenta la caldera de nuestra creatividad, ha vuelto a revolotear por mi cabeza. Y es que si algo me gusta de esta exquisita y elegante fábula, y tal vez estoy desvelando demasiado, es una de sus reflexiones finales: la lectura, muchas veces, no es un fin en sí mismo, sino el medio a través del cual pasar a la acción. La puerta indispensable para acceder a la autoría.
El inglés Alan Bennett, a quien descubro ahora, nos sorprende con esta carta de amor a la literatura protagonizada ni más ni menos que por la reina de Inglaterra. Un homenaje a todos los lectores y escritores del mundo, profesionales o amateurs, que encandilará a todos aquellos que, como esta ficticia Isabel II, descuidamos nuestras obligaciones por la benditamente inútil afición a devorar libros. O por el sueño de escribirlos.
Adjunto el gran tema "La reina de Inglaterra", reciente hit de Grupo de Expertos SolyNieve que descubrí hace un par de semanas, simplemente para apoyar esa teoría conspiranoica mía que muchos ya conoceréis: en determinadas ocasiones, el destino se conjura para trasladarnos a determinados lugares. Y yo últimamente me veo siempre frente al Palacio de Buckingham.