sábado 20 de septiembre de 2008

"Encarnación": el final de la belleza


Hay películas para inmensas mayorías, de las que se alimentan los grandes estudios y el imaginario del grueso del público, y películas para selectas minorías, veneradas en pequeños círculos y presentes en las listas de preferencias de los críticos especializados. En el medio, entre los blockbusters y las grandes joyas independientes, están todas las demás. El 80 ó 90% del cine. Decenas, cientos, miles de películas de todo tipo. Una cifra inabarcable de historias que se apilan en una cartelera hipertrofiada y que generalmente no son recordadas por mucho tiempo.
"Encarnación" es uno de esos títulos que morirán jóvenes. Excepto en Argentina, quizás, su país de origen. Un drama que, como su protagonista, una ex-reina del destape que se enfrenta a la madurez y al ocaso de su carrera, pronto será pasto del olvido. Sin embargo, por esos resortes particulares que cada uno tenemos en nuestro cerebro, a mí me ha conmovido especialmente la historia de Erni Levier, pseudónimo y disfraz perecedero bajo el que se esconde Encarnación (bello y metafórico nombre para bautizar a una actriz). La historia de la cincuentona Erni no es otra que la del final de la belleza. El relato del anochecer de la juventud, un tema sorprendente viniendo de una directora de poco más de treinta años como Anahí Berneri pero al que no es ajena su protagonista, una descomunal Silvia Pérez, también sex-symbol en sus años mozos, que nos regala una portentosa actuación en la mejor tradición de los grandes intérpretes argentinos.
Una película que aborrecerán los amantes del cine ligero, de la acción trepidante o la comedia facilona, para que resulta muy recomedable para aquellos que no teman encontrarse en el cine con la verdad, por cruel que pueda resultar.