sábado 30 de agosto de 2008

Wes Hate Story


No te entiendo, Wes. Admito que casi me engañas la primera vez con "Los Tenembaums", con esa mezcla tan peculiar y excéntrica de comedia y drama, con esa presunta subversión de géneros y esos personajes tan caricaturescos y a contracorriente. Sin embargo, cuando desanduve tus pasos para descubrir tu ópera prima, "Bottle rocket" mi incipiente entusiasmo se evaporó, y cuando después, escamado cual besugo, vi "The life aquatic", mi decepción se convirtió en sincera preocupación por ser incapaz de discernir esa genialidad y esa chispa que muchos críticos cualificados aprecian en ti. Recuerdo que mi indignación era tal que decidí no ver jamás "Academia Rushmore" (hasta hoy he cumplido mi promesa) y que un tiempo después, tras horrorizarme con "Extrañas coincidencias", de David O. Russell lo primero que pensé fue que su absurdo aire posmoderno me gustaba tan poco que perfectamente podías haberla dirigido tú.
Sin embargo, es sabido que el hombre es la única bestia que tropieza dos veces en la misma piedra, y que cuando tenemos una llaga en el interior de la boca nos la mordemos sin piedad guiados por un inexplicable masoquismo. Por eso, por ese instinto tan genuinamente humano, por esa inclinación al desastre, es por el único motivo por el que, a pesar de lo poco que te comprendo, me puse a ver "Viaje a Darjeeling". En un principio parecía que podías proponerme un trayecto interesante, pero enseguida quedó claro que simplemente me estaba dejando llevar por el seductor influjo de las llanuras del Rajastán en las que se desarrolla la trama. Puede que ese fantástico tren viajara a Darjeeling, pero tu historia, al igual que Adrien Brody y los cargantes Owen Wilson y Jason Schwartzman cuando son expulsados en medio del desierto del Thar, no iba a ningún sitio. Al menos a ningún sitio que a mí me apeteciera visitar.