
Siempre he presumido de tener buena memoria para las películas, los actores y los directores. Para recordar quién salía en qué título, quién era el realizador o qué acontecía en la trama. Es lo que un compañero, con buen criterio, llama "memoria absurda", porque está en lo cierto cuando afirma que no sirve para nada. Veo "Tropa de élite", Oso de Oro en la Berlinale 2008, y pienso que va ser todo un reto mantener intacto el recuerdo de esta película de José Padilha sin que se vea contaminado por el de "Ciudad de Dios". Los dos filmes, separados sólo por un lustro, nos introducen en el sórdido mundo de las favelas. Los dos huyen del hiperrealismo en su descripción de la miseria y optan por una estética de videoclip muy efectista y mucho más fácil de digerir para el gran público, un estilo más hollywoodiense que sudamericano que trivializa la violencia y la convierte en algo cool. Las dos han sido un gran éxito y se han convertido en punta de lanza del nuevo cine brasileño. Sin embargo, aunque me duela decirlo porque ambas me encantan, me temo que dentro de unos años las dos serán mezcladas y confundidas, y pienso en si no será arriesgado acometer proyectos tan similares a éxitos recientes. Y en que es como si ahora a alguien se le ocurriera en España hacer una película sobre, pongamos, un tetrapléjico que lucha porque le practiquen la eutanasia. Y en que, bien mirado, el que tuvo esta idea dirigió una exitosa película sobre gente muerta poco después de "El sexto sentido", con lo que tal vez todos mis temores anteriores carezcan de fundamento.

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