
Después de escuchar durante varios días los últimos discos de Coldplay y Sigur Ros, y de plasmar mis impresiones en este cuaderno de bitácora, se entenderá mi necesidad de distanciarme un poco de tanta trascendencia, tan peligrosa ahora que se va acabando el verano y el oscuro septiembre proyecta su larga sombra. No es que me haya cansado del preciosismo. De las composiciones más barrocas y pulimentadas. Es sólo que después de tantas florituras, de tanto tiqui-taca, uno agradece un poco de frescura y descaro. Un poco de verticalidad y ataque directo. Sin rodeos ni adornos. Y nada mejor para ese cambio de ritmo que los discos de The Ting Tings y Los Campesinos. Dos pelotazos a los que llego tarde, como siempre, y que disfruto ahora aleatoriamente, intercalando los temas de unos con los de otros sin tener claro cuál de los dos me gusta más.
Al principio prefería a los súperventas y pegadizos The Ting Tings, arrastrado sobre todo por la chulería ochentera del "Shut up and let me go", el carisma de Katie White y la inmediatez de temas como "Great DJ" o "That's not my name". Ahora sin embargo creo que me decanto más por los de Cardiff, por sus afiladas letras ultra-pop, por la voz de Gareth, que me recuerda a Darren Hayman, y por su estimulante desvergüenza juvenil. Os dejo un video de ambos para que juzguéis por vosotros mismos.
Al principio prefería a los súperventas y pegadizos The Ting Tings, arrastrado sobre todo por la chulería ochentera del "Shut up and let me go", el carisma de Katie White y la inmediatez de temas como "Great DJ" o "That's not my name". Ahora sin embargo creo que me decanto más por los de Cardiff, por sus afiladas letras ultra-pop, por la voz de Gareth, que me recuerda a Darren Hayman, y por su estimulante desvergüenza juvenil. Os dejo un video de ambos para que juzguéis por vosotros mismos.

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