martes 5 de agosto de 2008

Sigur Ros: Viva La Vida

Mi país favorito es uno en el que nunca he estado. Probablemente, si hubiera vivido en él habría acabado deprimido por la oscuridad de sus largos inviernos o la soledad de sus paisajes. Sin embargo, desde el luminoso y caótico sur de Europa resulta muy confortable enamorarse de un territorio tan remoto como aparentemente culto y civilizado, un lugar cuyo nombre significa "tierra de hielo" pero que los latinos, apelando a su insularidad y aprovechando una coincidencia fonética, hemos traducido equivocadamente como Islandia.
Me gusta Islandia porque no hay ejércitos. Porque está lleno de niños y padres jóvenes. Porque aprovecha sus recursos naturales, ese subsuelo volcánico desde el que según Verne se podía acceder al centro de la tierra, para generar energía no contaminante. Me gusta porque sus habitantes son políglotas, viajeros, emprendedores y artísticamente hipersensibles, y porque entre ellos, junto a gente tan molona como Bjork, Mum o Eidur Gudjohnsen, está Sigur Ros.
Lo que más gracia me hace de este genial cuarteto es que tienen a la crítica rendida a sus pies pese a cantar en islandés. Los mismos analistas que diseccionan con escalpelo las letras de Dylan o Waits, que proclaman la importancia de los textos y conciben los temas como un todo, ensalzan a un grupo que podría estar cantando el equivalente vikingo de los chistes de Lepe y nadie se daría cuenta. Y es que hacer una reseña de la música de Sigur Ros es como criticar una película de Kaurismaki en versión original sin subtítulos. En principio, faltarían elementos esenciales para dar ningún veredicto. Sin embargo, a nadie se le ocurre pensar que los autores de himnos tan subyugantes como los contenidos en "Agaetis Biryun" o "Takk" compongan letras que no estén a la altura de sus mesmerizantes cantos. Que no estén al servicio de ese preciosismo absoluto que parecen perseguir desde sus inicios.



Disfruto ahora con gran placer de su último disco y en plena ola de calor sahariano me refresco con sus nuevos temas como si fueran un chorro de aire acondicionado, no sólo por su estimulante belleza, sino porque muchos de ellos suenan más más ligeros y directos que en otras ocasiones. Más pop. Si los discos anteriores estaban construidos a base de grandiosas y profundas composiciones, de odas ceremoniosas para ser escuchadas en una catedral o contemplando la aurora boreal, los temas que abren "Med sud i eyrum vid spilum endalaust" (hay que ser muy especial para vender en todo el mundo un disco con este nombre) parecen un canto a la vida interpretados por una rama nórdica de elfos del bosque, por una tribu ancestral dedicada al hedonismo y a salvaguardar el mero placer de la existencia. Tan sólo echad un vistazo al naturalista y maravilloso video de "Gobbledigook" y sabréis a qué me refiero. Puede que os entren ganas de desnudaros y echaros al monte.