lunes 25 de agosto de 2008

La carretera de Vigo

Viendo así a Vigo Mortensen, demacrado, cubierto de harapos y mugre, empujando como un homeless ese carrito del que dependen su vida y la de su hijo, no puedo imaginar a nadie mejor para encarnar en la gran pantalla al abnegado padre de "La carretera". De hecho, antes de leer estos días la novela de Cormac McCarthy (aguijoneado por la extraña desazón que me provocó disfrutar la película de "No es país para viejos" antes que el libro), ya había visto las fotos del gran Vigo en una revista, y su imagen enjuta y barbada se me atravesaba de cuando en cuando como un aparecido entre las líneas de tinta. Si hubiera sido otro el elegido tal vez no le habría tenido tan presente, pero Vigo, que me traía sin cuidado como Aragorn o Alatriste, subió a mis altares al convertirse en actor fetiche de Cronenberg e interpretar "Una historia de violencia" y "Promesas del Este".
Acostumbrado a vérselas con sanguinarios orcos, diestros espadachines o desalmados mafiosos, podríamos pensar que el bueno de Vigo es inmune a todo, sin embargo esta desoladora carretera de McCarthy es el peor de los escenarios posibles. Un camino sin futuro. Una peligrosa serpiente que repta sobre un mundo helado y cubierto de ceniza en el que no queda ni pizca de esperanza. La última cicatriz de un planeta yermo, destruido por el holocausto nuclear, sobre la que un hombre y un chico se afanan cada día por sobrevivir.
Y es que "La carretera", con una prosa tan mínima y descarnada como el paisaje en el que transcurre, es, ante todo, una historia de subsistencia. Una batalla contra el frío, el hambre y la enfermedad. Una fábula oscura y claustrofóbica en la que un hombre debe soportar la pesada carga de luchar cada minuto por la vida de su hijo, en la que la única luz la proyecta el amor indestructible que se profesan los protagonistas.
Ni sé ni me importa cómo será la película (John Hillcoat, al cual desconozco, es el director), pero aquellos que acudan a verla buscando un universo post-apocalíptico estilo "Mad Max" o "Waterworld" probablemente se sientan defraudados. "La carretera" de McCarthy es simplemente el final. El negro y terrible agonizar de la humanidad.