
Hubo un tiempo, inmediatamente posterior a "Eduardo Manostijeras", "Pesadilla antes de Navidad" o "Ed Wood", en el que no hubiera dejado pasar ni un día para ver "Sweeney Todd". Sin embargo, como sucede con la mayoría de las pasiones, la mía por el genial Tim Burton ha ido enfriándose con los años. Unas veces ("Mars Attacks", "Big Fish", "Charlie y la fábrica de chocolate") porque el resultado no terminó siendo el esperado, y otras ("Sleepy Hollow", "La novia cadáver") justo por lo contrario: porque eran obras demasiado similares a lo previsto.
"Sweeney Todd: el barbero diabólico de la calle Fleet" pertenece a esta segunda clase de películas. De hecho, representa la quintaesencia del universo Burton. La oscura atmósfera gótica. La oscarizada dirección artística. Los entrañablemente sangrientos créditos iniciales. La fotografía. Johnny Depp. Helena Bonham Carter. Exceptuando la ausencia del compositor Danny Elfman, todo en "Sweeney Todd" rezuma Tim Burton. Y quizás es ahí, en donde antes sólo veía virtudes, donde encuentro ahora el único problema de esta adaptación del truculento musical de Stephen Sondheim (una obra que no conocía y descubro ahora de la mano del director de "Bitelchús").La película es, objetivamente hablando, estupenda. Sus dos horas de metraje parecen transcurrir en un santiamén, y sin embargo, no logra hacerme revivir ese entusiasmo desatado con el que a principios de los 90 disfruté de los clásicos burtonianos. Es imposible que pueda hacerlo. Más allá de la curiosidad por ver a su brillante elenco de actores interpretando las canciones de Sondheim, se han agotado las posibilidades de sorpresa. Nos hemos acostumbrado ya al estilo mágico de Burton. A su especial sensibilidad. A su sello personal e intransferible. Es el sino de los auténticos creadores. De aquellos privilegiados (Allen, Almodóvar...) que han sido capaces de construir un mundo propio. El universo que crearon es la jaula que les constriñe. Eso sí, cuando falten, les lloraremos con amargura.
Como en ocasiones anteriores, adjunto el trailer de la película, no si antes subrayar la poca confianza que debía tener la distribuidora en el tirón en taquilla de una película tan musical. Mientras que aproximadamente el 80% del filme es cantado, en el trailer los números musicales brillan por su ausencia.

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