
A los ochenta y tantos años la mayoría de las personas suelen limitarse simplemente a sobrevivir, a llevar una existencia sosegada, más preocupados por vigilar su tránsito intestinal y sus menguantes ahorros que por disfrutar de emociones más fuertes que las que pueda deparar, por ejemplo, una partida de petanca. Sidney Lumet, sin embargo, se dedica a seguir haciendo cine. Y vaya cine. Negro como la boca del lobo. Sucio. Violento. Rotundamente dramático. No es sólo que resulte inhabitual que alguien nacido en en 1924 siga en activo. Es que difícilmente encontraremos a ancianos como él en las salas disfrutando de "Antes que el diablo sepa que has muerto", un filme tan magistral como desolador que no deja resquicio a la esperanza. Una vuelta de tuerca al género de atracos supuestamente perfectos que nos muestra hasta que extremos puede llegar la desesperación humana cuando la vida te va acorralando. Pasando por alto el error de casting (¿Ethan Hawke y Philip Seymour Hoffman hermanos?), los cuatro protagonistas (Marisa Tomei y Albert Finney cierran el cuadrado) apuntalan con sus portentosas interpretaciones un thriller a cara de perro que nos recuerda que, a veces, hay que pensárselo dos veces antes de buscar soluciones radicales a nuestras miserias.
Advertencia: ignora este trailer si piensas ver la película. Si por el contrario ya la has disfrutado, probablemente se te vuelva, como a mí, a poner la piel de gallina.

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