
Desde que terminó la primera temporada de "Muchachada nui" en La 2 tenía como regomello. Mono de mi dosis semanal de humor manchego, de las bizarras zapatiestas orquestadas por esta inclasificable tropa de MontyPythons castizos, de tunantes gafapastas, que a través de su exaltación del absurdo y de una surrealista interpretación de la cultura popular, repleta de referencias intelectuales, han alcanzado el estatus de cómicos de culto. Es cierto que, cual Enjuto Mojamuto, no he dejado de navegar por Youtube rescatando gags viejunos, pero la carcajada preprogramada nunca es tan estimulante. También conseguí a través de un compañero ("Si quieres, te lo miro", me dijo) un pack muy rico con lo mejor de La Hora Chanante, su anterior proyecto en Paramount Comedy, pero tampoco fue suficiente para calmar mi impaciencia
Lo que yo esperaba, con la misma ilusión con que un gambitero aguarda la llegada del fin de semana, era el estreno de la segunda temporada. Nuevos sketches que sustituyeran a las memorables, pero ya un poco asobinadas, parodias de Tachenko, Bocaseca Man o Anatoli Karpov. Y la espera mereció la pena, porque, como nos tienen acostumbrados Joaquín Reyes y compañía, el arranque de Muchachada Nui 2.0 fue todo menos regulero. Una nueva exhibición de lo impensable. De lo que uno nunca imaginó que alguna vez iba a encontrar en televisión. A saber: Condolezza Rice matando zombis a cascoporro; Tarantino describiendo con acento albaceteño su relación con Robert Rodríguez; un grupo de escolares ensayando un montaje teatral sobre el golpe de estado de Tejero para el fin de curso... Si los programas venideros mantienen el nivel, me quito el sombrero (mejor aún, la visera de la Caja Rural de Cuenca). El humor aberrante de la muchachada bastará para mantenernos en la temporada primavera-verano con la maquinaria a tope. Copón, copín y copete.

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