domingo 23 de marzo de 2008

"Viajes con Heródoto": el último legado de Kapuscinski


Tal vez la intuía. Tal vez presentía su inevitable llegada y sintió la necesidad de recapitular, aunque fuera brevemente, de echar la vista atrás y recordar cómo empezó todo. De convertirse por una vez él mismo en objeto de sus reportajes. Y es que "Viajes con Heródoto", el último libro de Kapuscinzki antes de ser alcanzado por la muerte el año pasado, sabe a eso. A resumen. A legado. A última voluntad. A testamento perfecto en el que el polifacético autor quisiera donarnos a todos su infinito entusiasmo por saber. Por descubrir. Por comprender.
Este canto del cisne del malogrado periodista polaco es, además de un repaso a sus memorias, toda una declaración de amor al viaje, a la necesidad de ir más allá en busca de otros mundos y otras gentes con el único objetivo de ampliar miras y conocimientos. El propio autor lo explica cuando habla de su juventud en los inicios de este inclasificable ¿ensayo? ¿novela? ¿estudio?: "Mi más ardiente deseo (...) era de lo más modesto, pues lo único que me intrigaba era ese instante concreto, ese paso, ese acto básico que encierra la expresión cruzar la frontera". Kapuscinski se veía impelido a abandonar su tierra, la gris Polonia post II Guerra Mundial, y será este afán, esta inquietud innata, la que le espoleará en su interminable peregrinaje por el mundo, una trayectoria vital de la que da cuenta con un estilo cautivadoramente ameno "Viajes con Heródoto". India, China, África... la continua búsqueda de nuevos horizontes de Kapuscinski en su tarea de corresponsal es todo un ejemplo para aquellos pobres de espíritu que no ven más allá de su entorno, aquejados de un pegajoso conformismo o, aún peor, de contagiosos localismos, provincianismos y nacionalismos. ¿Cómo no relativizar la importancia de tu lugar de origen oyendo hablar a Kapuscinski de la senegalesa isla de Gorée, frente a la que se abre la inmensidad del Atlántico y cientos de años de historia de esclavitud ? ¿Cómo no sentirse un grano de arena en el desierto al trasladarnos a la enormidad de la inabarcable China o la multicultural e inaprensible India?
El libro además, y ahí radica parte de su grandeza, no es sólo un viaje en el espacio. El autor, galardonado con el Príncipe de Asturias en el 2003, contrapone sus vivencias con las de Heródoto de Halicarnaso, el historiador y geógrafo griego, y convierte a la obra en un maravilloso juego de espejos en el que se entrelazan los relatos de ambos viajeros, separados por 2.500 años de diferencia pero unidos por un ansia común de conocimiento. El volumen de la "Historia" de Heródoto que le regalará la redactora jefa de su periódico será el ancla sobre el que reposará Kapuscinski en sus parada por las distintos confines del globo. El joven corresponsal irá descubriendo episodios clave de la antigüedad a través de su predecesor en el bello oficio de descubrir el mundo y nos hará partícipes de ello seleccionando los más relevantes y masticándolos para su mejor comprensión: la historia de Creso, la batalla de las Termópilas, la campaña de Jerjes contra Atenas...
Aparte de recomendar vivamente este libro, sólo cabe decir que, tras enfrentarse a lecturas como esta, uno no puede dejar de pensar en las distintas formas que existen de pasar por el mundo y reconocer, con cierta amagura, que todos quisieramos irnos de aquí como Kapuscinski. O como el mismo Heródoto. Con la mochila, y el corazón, lleno de historias que sirvan de guía para los viajeros del futuro.