martes 4 de marzo de 2008

Dexter: cuando el héroe es un psicópata


Aparentemente, Dexter Morgan es un chico modelo. No sólo tiene cara de no haber roto un plato, sino que además es un ciudadano ejemplar. Un miembro destacado de la policía forense. Un hermano ideal. Un perfecto padre adoptivo. Sin embargo, Dexter tiene un problema: le gusta matar a la gente. Inyectarles una droga paralizante, partirlos en pequeños trocitos y arrojarlos al mar dentro de una bolsa de basura. Lo más curioso de todo es que nos encanta. Que nos compadecemos de este pobre psicópata que ni siquiera lucha contra el monstruo que lleva dentro. Por mucho que sus víctimas sean villanos sin escrúpulos, nos sigue cayendo simpático mientras los desmiembra. Mientras archiva sus muestras de sangre. Le adoramos. Le amamos.
El caso de Dexter, estrella absoluta de la fabulosa serie que lleva su nombre, no es sino una muestra más del poder redentor del protagonista. El "prota" siempre es el héroe. El que no debe morir. El favorito del público. La historia del cine y de la literatura está llena de ejemplos. En la vida real les aborrecemos, pero en la ficción nos encantan los timadores de "Nueve reinas" o los ladrones de guante blanco de "Ocean's eleven". Lloramos cuando matan a "Bonnie and Clyde". Luchamos por comprender a terrible asesinos como Jason Bateman ("American Psycho") o Jean-Baptiste Grenuille ("El perfume"). Hasta Hannibal Lecter nos parecen un cachondo cuando habla de comerse los riñones de sus congéneres al jerez.

Los guionistas, directores, escritores... tienen ese poder. Ellos deciden de parte de quién se va a poner el público. Desde que perspectiva orientar la historia. Y es que los buenos nos gustan, pero lo malos... los malos nos vuelven locos.

Reflexiones éticas aparte, "Dexter" (basada en la novela "Darkly dreaming Dexter" de Jeff Lindsay) es otro gran ejemplo de las altísimas cotas de calidad que están alcanzando las series de televisión. No voy a perderme ahora en lugares comunes y volver a explicar las ya sobadas razones que explican el boom de la ficción catódica. Simplemente voy a exponer un hecho. Una de cada diez películas (y soy generoso) vale la pena. La mayoría de las series, sin embargo, aunque sólo sea por el magistral y concienzudamente elaborado engranaje sobre el que se sustentan sus tramas, son estupendas.

¿Y por qué Dexter y no otra? Aparte de su apasionante y ya comentado punto de partida, y de sus excelentes guiones, voy a dar dos razones extra para elegir las aventuras de nuestro querido Carnicero de la Bahía en lugar de alguna de sus competidoras.
  • Las dos temporadas producidas hasta ahora son cortas (11 y 12 capítulos) y autoconclusivas. A diferencia de otras grandes series como "Lost" o "Prisonbreak", cuando una temporada acaba, acaba de verdad. No quedan cabos sueltos. No te dejan colgado en el momento cumbre y te obligan a esperar cinco meses para averiguar lo que está pasando.
  • Los créditos con los que comienza cada capítulo son una auténtica obra de arte. Por favor, os invito a que volváis a degustar el desayuno de Dexter una vez más en el video adjunto. Que aproveche.