martes 18 de marzo de 2008

Bocados de realidad: "4 meses, 3 semanas y 2 días"


A veces, uno tiene que tener cuidado con dónde se esconde. Con dónde va a parar en su huida de la realidad, ya que en su afán por distanciarse de las penurias más cercanas e inmediatas puede verse arrastrado hasta otras mucho peores, a otros problemas y situaciones inmensamente más angustiosos y perturbadores. Este es un aviso para todos aquellos (cuyo punto de vista comprendo pero no comparto) que creen que es mejor no refugiarse en la ficción si ésta es un reflejo de desgracias reales; que evitan las peliculas o los libros cuya crudeza reside en no estar basados en la invención sino en la verdad: "4 meses, 3 semanas y 2 días" no es una ventana a la que debáis asomaros.
Cristian Mungiu, el director que ha colocado a Rumanía en el epicentro del mapa cinéfilo al lograr la Palma de Oro de Cannes y el Premio a la Mejor Película Europea, nos traslada a un país que luce mucho más terrorífico que en las películas de Drácula. Estamos en la Rumanía de 1987. Un pueblo deprimido que lucha contra el estado de privación total al que ha quedado sometido bajo la batuta del Conducator Ceaucescu. Un pueblo sin libertad cuyos movimientos son concienzudamente vigilados por la Securitate. Un pueblo pobre que no tiene ni para artículos de primera necesidad debido a la galopante deuda externa que lo estrangula y que le obliga la exportación de todos sus recursos.
De entre todos los casos diferentes que Mungiu, también guionista de la obra, podía haber elegido para ejemplificar las penalidades de sus compatriotas en estos años oscuros, para mostrarnos cuánto más complicado puede ser todo dependiendo del lugar al que por azar hayas sido arrojado al mundo, el director se decanta por uno: paradójicamente, un aborto. A través de dos jóvenes, Otilia y la irritante Gabita, y de su recorrido por una ciudad hecha pedazos, producto de la delirante política de urbanización del dictador, en la que los vehículos, las carreteras, los hoteles, parecen de hace ochenta años y no veinte, el espectador se ve transportado a un mundo en el que si ya el día a día, desde conseguir unas medicinas a coger un simple autobús, es difícil, el transgredir el orden establecido para acometer una tarea de la gravedad de la interrupción de un embarazo se convierte en toda una epopeya.

Tal vez sea aquí, en su valor como documento histórico, como prueba y testimonio de una verdad desgarradora, donde resida el principal activo de una película de la que habíamos oído hablar tanto, que había sido tan premiada, que había suscitado tantas quejas por no estar siquiera nominada al Oscar, que no colma las expectativas creadas antes de su visionado. Hace tiempo que tengo la fórmula clara: a mayor esperanza, menor sorpresa. "4 meses, 3 semanas y 2 días" es un puñetazo en la conciencia de la rica Europa, que disfrutaba plácidamente del fin de siglo mientras algo se pudría en su patio trasero. Un cuadro tenebrista. Una fotografía del comunismo. Pero no es, en mi opinión, una obra maestra.
La vocación histórico-descriptiva de Mungiu, que elimina de su cine todos los recursos superfluos en su búsqueda de una verosimilitud rayana en el documental, queda de manifiesto en el irónico título que le ha dado a la serie de películas que pretende rodar, y que se abriría con esta cinta: "Relatos de la Edad Dorada". La agonía, por tanto, proseguirá en nuevas entregas.